Cenit del petróleo ¿colapso sistémico-energético?


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Lo que aquí podéis encontrar, no debe ser enfocado como un trabajo de profundidad ni como una completa guía acerca de la problemática en ciernes que ocasionará el cénit de producción de petróleo. Todo lo contrario. Esto no es más que una labor de síntesis de ideas y conceptos ya existentes, pero que nos hemos esforzado en presentar y explicar de un modo sencillo y claro, además de con rigor y con ánimo de no dejar fuera ninguna variable reseñable.

En modo alguno debe ser tomado como sustituto de otras obras escritas que analizan con profundidad y escrupuloso rigor la temática aquí tratada, justo lo contrario, os animamos a que este artículo sea tomado como un aperitivo y que genere el apetito necesario para adentrase en estas obras tan recomendables por su profundidad y clarividencia sobre el tema.

Cierto es que al principio, cuando esbozamos la idea de hacer esto, teníamos claro que queríamos exponer ideas -que no eran nuevas- de la manera más clara posible, pero es inevitable hacer referencia a algunos conceptos teóricos sin los cuales entender todo lo demás se complica. En los próximos capítulos haremos referencia a estos términos habitualmente de forma que conocerlos será de gran ayuda para entender la viabilidad o no de algunas circunstancias o escenarios. Indagaremos en estos conceptos de manera práctica, adentrándonos en ellos lo necesario para que queden lo suficientemente claros, pero no es nuestro ánimo hacer un decálogo de términos farragosos e incomprensibles.

Por otro lado, y no por ello menos importante, sino todo lo contrario, somos conscientes de que la información que aquí se brinda puede resultar en determinado punto desasosegante, gris e incluso deprimente, pero es justo el enfoque contrario el que pretendemos dar. El motivo por el que hacemos justamente tanta incidencia en la parte “negativa” es porque sólo a través del reconocimiento del problema podremos brindar las soluciones. Haciendo una analogía sería como cuando un paciente alcohólico acude en busca de ayuda para su enfermedad, su primer paso siempre debe ser reconocer el problema, su adicción. Nosotros somos adictos al petróleo. Reconocerlo será el primer paso. El resto será andar en la dirección correcta.

Estamos situados en un punto histórico cuyo horizonte como mínimo será calificado por los historiadores futuros de “interesante”. De la sociedad en su conjunto dependerá de que los cambios venideros supongan acontecimientos en negativo o justo lo contrario,  que se abra de una vez por todas la senda del cambio que precisa la humanidad en términos de organización social, economía, política, trato entre los seres humanos y el resto de la Biosfera, etc. Abogamos y luchamos por que este cambio se produzca en estos términos, pues estamos seguros de que la próxima era será de éste modo o no será.

CONCEPTOS TEÓRICOS BÁSICOS

“No existe un sustituto para la energía. Todo el edificio de la sociedad moderna está construido sobre ella… No es “sencillamente una comodidad más”, sino la condición previa a todas las demás, tan básico como el aire, el agua y la tierra”

E. F. Schumacher (1973)

1. ¿Qué es la energía?

Poca gente se podría decir que tiene claro el concepto de lo que significa la energía. De hecho, para la mayoría de nosotros el conocimiento acerca de la energía no va mucho más allá del funcionamiento de un simple interruptor. Sin embargo, sabemos que existe. Tanto es así, que sin ella no existiría nada más.

Abarcaremos el concepto energético desde su punto de vista más pragmático, por tanto nos enfocaremos en lo que representa la energía a modo cualitativo, y esto es: “la habilidad de realizar un trabajo” y “la capacidad de mover o cambiar la materia”. Sintetizando, sin energía no sucede NADA.

2. Densidad energética

Es la cantidad de energía contenida en una unidad de materia cualquiera. Como ejemplo de ésta definición se podría tomar la cantidad de energía contenida en un litro de gasolina. Los diferentes tipos de materiales utilizados para generar energía tienen diferentes valores de densidad energética, por ejemplo, de menor a mayor: la madera, el carbón, el petróleo. En un kilogramo de petróleo hay mucha más energía contenida que en un kilogramo de carbón, así como hay más energía contenida en un kilogramo de carbón que en un kilogramo de madera.

Como norma general, y en el caso de los hidrocarburos muy particularmente, la densidad energética del elemento en cuestión va ligada directamente a la cantidad de hidrógeno existente en su composición química. De este modo, el petróleo es más rico en hidrógeno que el carbón, donde los átomos de carbono son más abundantes. Por tanto se puede relacionar la densidad energética con la cantidad de hidrógeno contenido: cuanto más hidrógeno más densidad energética.

Hay otros tipos de energía que no están ligadas a la regla directa densidad-hidrógeno, como es el caso de la energía nuclear, la eólica, solar, etc… donde se dan otro tipo de procesos físicos en la generación de la energía.

3. Tasa de retorno energético o de energía neta

En todo proceso de captación o generación de energía hay previamente una inversión, un uso de energía. En términos energéticos podríamos definir como tasa de retorno energético (TRE), a la cantidad de energía que se obtiene al finalizar un proceso donde se transforma el formato de la energía. Hablamos de energía neta, en definitiva. Esta tasa de retorno puede ser positiva en el caso de que la energía obtenida al final del proceso sea mayor a la invertida en su consecución o negativa en el caso de que se gaste más energía en la transformación del formato de la que se obtiene finalmente. Expondremos dos ejemplos, uno con TRE positiva y otro con TRE negativa.

En el caso positivo podríamos mencionar el querógeno, en este caso la cantidad de energía recuperada al tratarlo es mayor que la gastada en conseguirlo. En el caso concreto del que hablamos se invierten 2 barriles de petróleo para obtener 3 después del tratamiento, de esta forma la TRE es 3/2.

Del lado negativo, por el contrario, expondremos el caso del hidrógeno obtenido a través de electrolisis del agua. La cantidad de energía aplicada para conseguir energía a partir del hidrógeno resultante es descomunal comparativamente hablando. Hecho que explica el por qué el hidrógeno se obtiene habitualmente por mediación de gas natural, y aún así la TRE es negativa. De hecho, a día de hoy, cualquier proceso llevado a cabo para obtener hidrógeno consume más energía que la que el hidrógeno liberará en su combustión. Por ello el hidrógeno no es una fuente de energía, sino un vector energético (veremos más adelante con detalle este elemento).

También hay que tener en cuenta que la TRE (denominada también por sus siglas en inglés como EROEI (Energy Returned On Energy Invested), no es fija para cada una de las fuentes de energía posibles. Por ejemplo, a principios de siglo XX, cuando comenzaron las explotaciones de petróleo en EE.UU, se gastaba solo un barril de petróleo por cada 100 barriles de producción. Sin embargo, al avanzar la explotación del pozo en cuestión se dificulta la extracción del petróleo de modo que cada vez es necesario invertir más energía para sacar la misma cantidad, tanto es así que actualmente hay pozos donde se precisa 1 barril de inversión por cada 5 de producción. Aparte de la energía invertida en la extracción en sí misma, hay que añadir la necesaria en la prospección previa, transporte, refinado, etc. Punto en el cual aún siendo favorable el número de barriles producidos con respecto a los invertidos puede no ser rentable en absoluto la explotación del pozo, de forma que se abandona la explotación aún conteniendo petróleo en su interior. Este es un punto muy importante a tener en cuenta ya que el petróleo que se queda sin extraer es contabilizado como reserva, pero nadie admite que es una reserva casi irrecuperable, y admito el término “casi” por la posibilidad de que parte de ese petróleo sea efectivamente recuperado por nuevas técnicas de extracción, eso sí, ¿Cuánta energía consumirán esas “nuevas técnicas”?

4. Leyes fundamentales de la termodinámica

En el caso concreto que tratamos, que es la energía, la termodinámica (que como todos sabéis es la parte de la física que estudia las relaciones entre el calor y las restantes formas de energía), establece una serie de leyes que hasta el día de hoy son irrefutables y afectan de manera inevitable a todos los sistemas energéticos. Pero lo que a nosotros nos interesa son fundamentalmente la primera y la segunda ley de la termodinámica, que en resumidas cuentas dicen:

-       Primera ley o ley de la conservación:

La energía no puede crearse ni destruirse, solo transformarse.

Sin embargo, la energía como tal nunca se transforma en el sentido de que su naturaleza fundamental cambie. Es mucho más acertado pensar en que la energía en una singularidad que se manifiesta de diversas formas y que puede pasar de una a otra. Eso sí, a efectos reales no sin desgaste, como veremos expuesto en la segunda ley.

-       Segunda ley o ley de la entropía:

Cuando la energía pasa de una forma a otra, al menos parte de ella se disipa, por lo general, en forma de calor.

Aunque la energía disipada todavía exista, ésta está dispersa y por tanto es muy difícil recuperarla. De hecho, aunque pudiéramos reunirla de nuevo y concentrarla para nuestro uso, el hecho de concentrarla requeriría más energía, por eso siempre perdemos energía. Siempre existe una porción de energía prácticamente incapaz de ser convertida en trabajo. A esto se le llama entropía.

Esta ley también nos dice que la entropía dentro de un sistema aislado aumenta inevitablemente con el tiempo. Crear y mantener el orden dentro de un sistema siempre requerirá trabajo, y de forma inevitable ese orden tenderá al caos. Consecuentemente la cantidad de trabajo y energía necesaria para mantener el orden será cada vez mayor, y aún así en la batalla orden Vs. caos siempre ganará el caos (“entrópicamente” hablando).

Buen ejemplo del trabajo y la energía necesarias para mantener el orden son las sociedades, cuanto más sofisticada y compleja es una sociedad mayor será la cantidad de energía necesaria para mantener el orden.

Ejemplo de entropía de tendencia caótica son las selvas. En ellas el sistema de baja energía permite que las especies de todo tipo interactúen con su entorno de un modo aparentemente “caótico”, y digo aparentemente porque sin embargo gracias al intercambio constante de materia y energía es posible establecer un orden, al menos energético, que a su vez propicia el caos de la vida.

Otro ejemplo podría ser un ejercicio de imaginación: para gobernar dentro de un orden el tráfico de una ciudad se requiere de energía para alimentar los semáforos. Si se corta ese flujo de energía que mantiene a los semáforos en funcionamiento ¿que pasaría con el tráfico de una ciudad…? Evidentemente sería caótico.

PETRÓLEO Y OTROS HIDROCARBUROS

“En 1859 la especie humana descubrió un enorme cofre del tesoro en su sótano: el petróleo y el gas, unas fuentes de energía que se encontraban con facilidad y a bajo coste. Hicimos, al menos algunos de nosotros, lo que nadie hace con un tesoro en el sótano, sacarlo y despilfarrarlo”

Kenneth Boulding (1978)

1. ¿Qué es el petróleo?

-       Origen:

Actualmente existen dos teorías acerca de la naturaleza del petróleo. Por un lado, la más comúnmente conocida, apoyada, y podríamos decirlo así, oficialmente establecida es la que defiende que el petróleo es de origen orgánico. Por otro lado están los que defienden que el origen del petróleo es abiótico, es decir, que no procede de ninguna fuente orgánica del pasado, sino que procede de las entrañas mismas del planeta Tierra. Actualmente está corriente aunque gana adeptos es muy pequeña, y hasta la fecha aún no han podido demostrar su teoría de manera efectiva. Por tanto, hasta que se demuestre lo contrario nosotros nos basaremos sobre la primera de las teorías, que el petróleo es de origen orgánico. Fundamentalmente porque las extensivas investigaciones de la estructura química del querógeno han identificado a las algas como la fuente principal del petróleo. No obstante, el que el origen del mismo sea uno u otro varía muy poco las diferentes circunstancias y las implicaciones que rodean al petróleo.

-       Cómo se formó:

El petróleo nace de la transformación de materia orgánica procedente de algas, zooplancton y otros fósiles que  fueron depositándose en grandes cantidades en los fondos marinos o en lagunas en el pasado geológico. Posteriormente estos sedimentos fueron enterrados y expuestos a un proceso químico, coloquialmente llamado “cocinado”, en el que intervienen debidamente el calor y la presión. Bajo el mismo principio en el que se produce el petróleo se pueden producir desde betún hasta otros hidrocarburos cada vez más ligeros (líquidos y gaseosos). Depende fundamentalmente de la temperatura del “cocinado”. Cuando se dan las circunstancias geológicas requeridas que impiden el ascenso de estos hidrocarburos a la superficie se forman entonces los yacimientos petrolíferos. Creo que es de importancia reseñar que el proceso de generación del petróleo puede llevar trescientos millones de años.

-       Extracción:

La extracción del petróleo, por norma general, se lleva a cabo en pozos o yacimientos tanto en la superficie terrestre como debajo del mar, siendo estos, por razones obvias, más complicados de explotar.

Si la presión en el interior del pozo es lo suficientemente grande, hará que el petróleo salga hacia fuera prácticamente sin esfuerzo y de una manera natural por efecto de la presión en el interior del pozo; el flujo de petróleo se canaliza y se encauza a su tratamiento primario, donde se deshidrata y estabiliza eliminando los compuestos más volátiles. Posteriormente se transporta a refinerías o plantas de tratamiento de donde salen los diferentes derivados del crudo. Durante la vida del yacimiento, la presión irá descendiendo en el interior del pozo por agotamiento y será necesario usar otras técnicas para la extracción del petróleo. Esas técnicas incluyen la extracción mediante bombas, la inyección de agua o la inyección de gas, entre otras.

También existen otras técnicas de extracción de petróleo basadas en el tratamiento de arenas bituminosas y querógeno, aunque estos procesos los vamos a explicar con más detalle en el apartado de Alternativas Energéticas.

-       Naturaleza del petróleo:

El petróleo es uno de los pocos elementos energéticos que es a su vez materia prima y fuente de energía. Debido a su alta densidad energética, lo fácil de su extracción (cada vez más relativa esta facilidad), tratamiento y lo polifacético de sus usos hace del petróleo el mayor descubrimiento en cuanto a desarrollo en la historia del ser humano. De hecho, en los poco más de ciento cincuenta años de uso del mismo el ser humano ha experimentado un desarrollo inigualable por ninguna otra época anterior.

Debido a la amplia gama de productos derivados del petróleo tanto hidrocarburos en sí mismos (propano, butano, gasolina, keroseno, gasóleo, aceites lubricantes, asfaltos, etc.), como a la infinidad de compuestos químicos derivados hace que hoy día la existencia del hombre moderno sea inimaginable sin la compañía del petróleo. Literalmente, sin petróleo el hombre de la era industrial no existiría.

-       El reverso tenebroso del petróleo:

Es indiscutible que el petróleo nos ha proporcionado unas cotas de bienestar impensables hace solo un siglo. Sin embargo, los diferentes usos que el ser humano hace del petróleo acarrean nefastas consecuencias tanto en términos medioambientales como de coste humano. El uso del petróleo como fuente de energía para generar electricidad así como para el transporte (fundamentalmente), usos agrícolas y químicos produce una gran cantidad de residuos y liberación de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, monóxido de carbono, óxidos de azufre, óxidos nitrosos), contaminación extrema de los mares así como de ríos, lagos y grandes extensiones de tierra. Y por descontado también es destacable el incalculable coste humano en guerras, políticas nefastas hacia países con recursos en hidrocarburos, etc, o acaso ¿a alguien se le pasa por alto la relación directa del petróleo con las guerras, invasiones y estrategias geopolíticas acontecidas en el mundo desde la segunda guerra mundial, incluida ésta, hasta nuestros días? (Guerras árabe-israelí, apoyo a la dictaduras más sangrientas, revolución iraní, Guerra Irán–Irak, I Guerra del Golfo, conflictos en Chechenia, Georgia y otras repúblicas ex–soviéticas, Afganistán, II Guerra del Golfo, etc.) Sólo he nombrado las más afamadas de la larga lista de conflictos derivados del control de este recurso. De hecho, sentenciaría diciendo que quién posee el petróleo posee el poder.

2. Otros hidrocarburos

Existen un amplio plantel de hidrocarburos, aunque muchos de ellos son derivados de estos tres actores principales: petróleo, carbón y gas natural. Por ello, no nos vamos a expandir en demasía mucho más allá.

-       Carbón:

El carbón al igual que el petróleo es de origen orgánico, pero concretamente se crea a partir de la descomposición de elementos vegetales terrestres (hojas, cortezas, ramas, esporas, etc.). El proceso de creación parte de estos restos de vegetales muertos, estos se van acumulando en el fondo de una cuenca para posteriormente quedar cubiertos de forma que quedan protegidos del aire y los microorganismos que los destruirían por descomposición. Comienza entonces una lenta transformación por la acción de bacterias anaerobias, un tipo de microorganismos que no pueden vivir en presencia de oxígeno, de forma que paulatinamente se va produciendo un progresivo enriquecimiento en carbono, proceso conocido como carbonización.

Es de una densidad energética mucho menor que el petróleo, y sus usos son mucho más limitados que los de su hermano mayor. Prácticamente hoy en día el uso principal del carbón es la generación de energía eléctrica y, en mucha menor proporción, diferentes usos en industria siderúrgica y pesada. De hecho la materia prima más utilizada globalmente para generar electricidad es el carbón, en contra de lo que mucha gente piensa.

Hay que recordar que el carbón fue la fuente de energía sobre la que recayó la revolución industrial y que fue el protagonista principal del escenario energético hasta bien entrado el tercer decenio del siglo XX. Sin el uso del mismo habría sido imposible avanzar tecnológicamente lo suficiente como para desarrollar las máquinas y tecnologías que se pudieron conseguir a su merced.

-       Gas natural:

Por norma general, el gas natural se encuentra en los mismos yacimientos de petróleo, bien disuelto o asociado a este, o también se puede encontrar en yacimientos de carbón. En sí, el gas natural es una combinación de gases ligeros procedentes de los mismos procesos de creación de hidrocarburos como el petróleo o el carbón, donde abunda de manera sobresaliente y muy por encima de otros el metano, llegando a niveles de hasta el 95% del total de la mezcla.

Como combustible es más versátil que el carbón pero mucho menos que el petróleo. Su principal uso es la generación de electricidad e hidrógeno, el cual se consume casi siempre in situ.

-       Arenas bituminosas:

Las arenas bituminosas están dentro de los considerados petróleos ultra pesados. Son una mezcla de arcilla, agua, bitumen y petróleo en estado crudo.

Fundamentalmente se encuentran localizadas en la región canadiense de Alberta y en Venezuela. Su TRE es muy baja puesto que la cantidad de energía necesaria para obtener el crudo es muy alta. De su procesado se derivan unos costes medioambientales altísimos. Pese a esto, destaca única y fundamentalmente por la cantidad existente de las mismas, tanto que en la actualidad representa casi el 67% de las reservas de crudo a nivel mundial (no hablamos de crudo convencional).

CÉNIT DE PRODUCCIÓN PETROLÍFERA

“El 99% del petróleo tradicional ya se ha extraído”

Goldman Sachs Investment Group (1999)

“El pico del petróleo será un punto de inflexión histórico, cuyo impacto mundial sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora, y esto pasará en la vida de la mayoría de las personas que viven hoy en el planeta”

W. Youngquist (2006)

1. ¿Qué es el cénit del petróleo?

-       En términos científicos:

Aplicado a nivel individual a un pozo cualquiera, se podría definir el cénit de producción de petróleo como el punto en el que de ahí en adelante ya no es posible extraer más petróleo en términos de cantidad del que se extrajo en cualquier punto anterior. A modo de ejemplo podríamos determinar el cénit de producción de un pozo si hemos estado produciendo a un ritmo de 4.000 barriles/día y llega el momento en el que es imposible mantener esa cifra. Entonces comienza el declive de la producción bajando inexorablemente. Esta limitación puede darse tanto por dificultades insalvables en la extracción como por puro agotamiento del yacimiento.

Secuencialmente, cuando se inicia la explotación de un pozo a lo largo del tiempo va aumentando paulatinamente la cantidad de petróleo que se extrae del pozo hasta que llega un punto en que no es posible seguir sumando al mismo ritmo. Por norma general, el cénit suele darse una vez que se ha consumido aproximadamente el 50% del total del petróleo contenido en el yacimiento; en otras ocasiones, este punto se puede adelantar por dificultades en la extracción del petróleo. La media de extracción de un pozo de petróleo está entre el 30 y el 50% de su total.

Sería bueno imaginar el proceso de extracción de petróleo no tanto como si absorbiéramos el contenido de un vaso de agua a través de una pajita sino más bien como si intentásemos absorber el agua contenida en una esponja con esa misma pajita.

Los puntos A y B se diferencian por la cantidad de energía que se debe invertir en la extracción del pozo para seguir aumentando la cantidad producida, pero llega un punto (C), en el que aun aumentando la energía para producir más petróleo no se consigue aumentar la producción.

Generalmente, el cénit de producción petrolífera se representa como una gráfica con forma de campana simétrica. Nosotros la representamos de este modo porque la cara perteneciente al declive suele descender de forma más brusca o mejor dicho con más altibajos e irregularidades en relación a lo suave y progresiva que se representa la cara en el que aumentar la producción aún es posible. Incluso ésta cara también puede representar altibajos e irregularidades, las cuales suelen estar determinadas por factores externos, como, por ejemplo, ocurrió en Irak durante la 2ª Guerra del Golfo o a escala mundial durante el embargo del petróleo árabe de 1973.

-       En términos prácticos:

A nivel mundial, el cénit de producción petrolífera podría determinarse como el punto en el que la demanda de petróleo supere a la oferta a nivel mundial de modo irreversible.

Influyen muchos y diferentes actores en la demanda y la oferta de petróleo, pero a día de hoy, y aún en época de crisis, la demanda se mantiene “estable” en 80 millones de barriles diarios. Esta demanda se cubre por la producción de los actuales yacimientos en explotación así como, y muy especialmente, gracias a las reservas.

Esto es un factor a tener muy en cuenta pues ya en 1981 se consumía más petróleo en el mundo del que se encontraba nuevo, de forma que las reservas están condenadas a languidecer día tras día.

También es destacable el dato de que más del 80% del petróleo producido hoy proviene de yacimientos hallados antes de 1973 y que la gran mayoría de ellos están en claro declive. (Richard Heinberg – “Se acabó la fiesta”)

Las repercusiones que tendrá no poder cubrir la demanda de petróleo ya todos nos las podemos imaginar. De hecho, tal vez, ya lo estamos viendo. Esto es controvertido de afirmar, pero no sería muy disparatado pensar que actualmente nos encontramos en una especie de altiplano antes de afrontar el declive definitivo, pues aunque la producción hoy por hoy se mantiene estable, habiendo llegado a su pico máximo de 87 millones de barriles/día en 2008, también es verdad que muy probablemente no pueda aumentarse bajo requerimiento de la demanda. De hecho, personalidades como el consejero delegado de Total, Christophe de Margerie, declararon en Enero del año 2010 que el mundo jamás pasará de 89 Mb/d y que el cénit de producción de petróleo será antes de 2013; meses antes José Sergio Gabrielli, presidente de PetroBras, afirmo que el cénit de producción de petróleo se daría en el año 2010.

De facto, la AIE (Agencia Internacional de la Energía) predice una demanda de 120 millones de barriles/día para el año 2020. ¿Podrá cubrirse esta demanda? Tajantemente NO.

-       Antecedentes históricos:

En los años veinte los geólogos en EE.UU. por primera vez hablaron acerca del evidente agotamiento de los pozos de petróleo, sobre todo a la luz de lo rápido que se habían agotado los primeros pozos descubiertos en Pensilvania y lo limitado de las reservas conocidas hasta entonces.

Estos malos augurios se disiparon rápidamente en cuanto afloraron los grandes descubrimientos en el este de Texas y el Golfo Pérsico. De hecho, la situación tornó 180º, generándose una idea de que el petróleo podría seguir aumentando su producción y demanda sin un fin a la vista. Gesto que acarreó una ceguera absoluta acerca de lo que ocurre ante toda explotación de un recurso finito.

Pero la primera vez que se habló abierta y lapidariamente sobre el cénit del petróleo fue allá por el año 1949. Año en el que el geólogo Marion King Hubbert publicó su teoría del cénit del petróleo.

2. Teoría de Hubbert:

Hubbert fue un geólogo nacido en Texas que trabajó largo tiempo para la empresa petrolera Shell donde dirigió laboratorios de investigación hasta el año 1964. Después formó parte del USGS (Encuesta Geológica de Estados Unidos), así como fue profesor en diversas universidades de EE.UU. Se podría decir que en temas relacionados con el petróleo ha sido uno de los mayores expertos de la materia por sus aportaciones en el terreno geológico que propició grandes avances en los sistemas de prospección de nuevos yacimientos así como en la explotación de los mismos, pero por encima de todo esto, por su teoría del cénit de producción de petróleo.

Llegado el año 1949, y a través de métodos estadísticos y físicos, Hubbert trató de calcular todo el suministro de petróleo y gas natural en el mundo y el perfil de duración de la producción de los yacimientos al albor del creciente consumo resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico.

Ya en 1956, recabada información acerca de las reservas mundiales estimadas y apoyado en sus estudios iniciales de 1949 predijo que en EE.UU. se alcanzaría el pico de la producción de crudo entre 1966 y 1972. En ese mismo instante tanto economistas, agencias gubernamentales como las propias petroleras descartaron sus predicciones, incluso fueron tachadas de pesimistas. La realidad fue que EE.UU. alcanzó el cénit de producción de crudo en 1970. Más tarde y bajo las mismas bases de cálculo, Hubbert aplicó su modelo a escala global, y estimó que este se produciría entre los años 1990 y 2000.

Aun siendo controvertida, esta teoría es ampliamente aceptada entre la comunidad científica y la industria petrolera. El debate no se centra ya en si existirá un pico del petróleo, ya que es una circunstancia que se da por hecho e inevitable, sino en cuándo ocurrirá, ya que es evidente que el petróleo es un recurso finito, no renovable y que por tanto irremediablemente algún día se agotará.

Paralelamente al cénit de producción de petróleo se produce una analogía con la tasa de descubrimiento de nuevos yacimientos, de forma que empieza a hablarse también de cénit de descubrimientos. En EE.UU. el cénit de descubrimientos de nuevos yacimientos se dio en 1930.  A partir de entonces nunca más se volvió a descubrir más yacimientos que en el pasado. Si extrapolamos este dato a una escala de tiempo podemos ver bajo el modelo estadounidense que el cénit de producción de petróleo se dio 40 años después del cénit de descubrimientos.

A escala mundial este mismo modelo permanece inamovible ya que el cénit de descubrimientos a escala global se dio en los años 70, con lo que si sumamos 40 años eso nos sitúa en el final de la primera década del siglo XXI, justo ahora, solo una década después de las fechas en la que los diversos estudios y organismos establecen el cénit de producción de petróleo.

Por supuesto, el sistema utilizado por Hubbert no está exento de posibles errores. De hecho, hay que tener en cuenta que los márgenes de error más influyentes en este tipo de predicciones que están basadas en cifras y tasas, son factores impredecibles tales como guerras, conflictos de intereses, etc, desviando los cálculos primarios que Hubbert realizó, pero sólo hasta cierto punto.

-       ¿Cuándo?

Tal vez, éste sea el punto más controvertido en todo lo concerniente a la teoría del cénit del petróleo, pues la diversidad de opiniones, datos, etc. Es abrumadora, pero en cierto modo convergente excepto para los economistas.

La teoría de Hubbert ha sido mejorada a lo largo de los años de manos de expertos de reconocido prestigio de la industria petrolera. Entre ellos cabe destacar a Colin J. Campbell, Ivanhoe, Deffeyes y a Walter Youngquist.

Estos expertos han utilizado sistemas de cálculo mucho más avanzados que los que aplicó Hubbert en su día, se han apoyado en el uso de ordenadores, modelos estadísticos más completos y complejos, un conocimiento más exhaustivo de la situación real de las reservas, etc. Pero paradójicamente el resultado viene a ser más o menos el mismo.

Campbell sitúa el cénit de producción en el año 2010, Deffeyes entre los años 2004 y 2009, Ivanhoe entre los años 2000 y 2010 y Youngquist, el cual no se atreve a establecer un año o un período determinado para el suceso, manifiesta:

“Probablemente, la era del petróleo llegará a su fin de forma gradual. Es decir, no se alcanzará súbitamente un momento crítico, sino que concluirá tras un lento periodo de declive. Ahora bien, si se mantiene el crecimiento continuo de la población, en ausencia de suficientes sustitutos, se puede producir una descomposición caótica de la sociedad”.

En definitiva, todos más o menos coinciden en un período 10 años por encima de lo que Hubbert predijo. Hay que tener en cuenta que Hubbert no conocía la existencia de petróleo en el mar del norte, ni tenía una bola de cristal que le permitiera conocer las sucesivas guerras en Oriente Medio. Sin estos dos factores probablemente Hubbert no se habría equivocado más que por algún año arriba o abajo.

Por otro lado, se recogen manifestaciones de organismos oficiales, agencias privadas, etc. Como las de la AIE (Agencia Internacional de la Energía), que ya en 1998 estableció el pico de producción mundial en el año 2015, dato que rectificó más tarde con carácter retrospectivo en el año 2010, fijando el cénit como un hecho acontecido en el 2006.

Al unísono, una agencia privada internacional de reputado prestigio en la industria, como la suiza Petroconsultant, afirmo en 1995 que “el pico de la producción global de petróleo se daría durante la primera década del siglo XXI”.

Son algo más optimistas respecto al asunto entidades gubernamentales estadounidenses como la Agencia Nacional de la Energía o la propia USGS, pero en cualquiera de los casos queda patente que pocos, muy pocos, localizan este hecho sin precedentes en la historia de la humanidad fuera de las dos primeras décadas del siglo XXI.

3. Detractores a Hubbert:

Como decíamos antes, la teoría del cénit del petróleo es mayoritariamente aceptada por científicos y la industria petrolera al completo. Los únicos detractores de la teoría de Hubbert son mayormente los economistas de corte clásico y los políticos, estos últimos por norma general, salvo excepciones contadas, van agarrados de la mano de los primeros.

En líneas básicas y de forma sintetizada argumentan que como en toda situación dentro del mercado, lo que impera en definitiva es la conocida ley de la oferta y la demanda. Con esto lo que vienen a decirnos es que la existencia de una demanda generará automáticamente la oferta, no importa que estemos hablando de un recurso finito, para ellos es tan sencillo como que si existe la necesidad ésta será cubierta por el mercado.

Dicho así, la exposición de los economistas queda como una simple futilidad. Por tanto, vamos a desgranar un poco más sus exposiciones y argumentos:

Una de ellas es la que afirma que “cuanta más energía utiliza el hombre, más energía es capaz de producir” (Perter Huber)

Este argumento se basa en la afirmación de que el ser humano desde los albores de la especie viene haciendo un uso de la energía cada vez mayor, sin encontrar limitación alguna. Esto no es cierto en modo alguno. A mediados del siglo XVIII el hombre europeo ya tuvo que abandonar el uso de la madera como principal fuente de energía por el agotamiento y la deforestación de los bosques. Eso provocó el paso hacia el carbón. Posteriormente, pasamos al uso del petróleo por tener una mayor densidad energética y unos usos más extensos que el carbón, lo cual nos ha permitido alcanzar las cotas de desarrollo actuales, pero ¿qué ocurrirá cuando este recurso se agote? ¿Volveremos al carbón? Un recurso con una densidad energética mucho menor y unos usos limitadísimos. Además, ¿cuantos ejemplos hay en la historia de civilizaciones complejas que han desaparecido en el momento en que el aporte de energía necesario para mantener la civilización superaba con creces la energía disponible? Decenas.

Es tan simple como si afirmáramos que cuanta más tarta comemos más tendremos. Ridículo.

Zanjando, esta afirmación sería lo mismo que extrapolar la ecuación del consumo de energía a una carretera de sentido único en el que no cuenta más que la necesidad de seguir adelante sin tener en cuenta que en el trayecto podemos desgastar los neumáticos, tener un pinchazo, agotar la batería o sencillamente quedarnos sin combustible para que las ruedas sigan girando. No es más que una visión en la que se contempla el sistema en un estado de perfecto funcionamiento, no los costes que tiene hacerlo funcionar y los frenos implícitos al sistema.

Otra parte del argumentario de los economistas se dirige a las reservas de petróleo por un lado y al uso que se hace de los recursos por otro. Bjørn Lomborg manifiesta: “Las reservas no es que sean finitas, sino que están en constante crecimiento” y “Mejoramos constantemente a la hora de explotar los recursos”.

Lomborg se basa en dos hechos fundamentales para afirmar esto: uno, que las reservas crecen continuamente debido a los nuevos descubrimientos, y dos, que estas reservas se ven menos esquilmadas por la constante mejora a la hora de explotar los recursos.

Estas afirmaciones son la mayor mentira, si cabe, de todas las expuestas por los economistas. En primer lugar, creo que es importante reseñar que en la actualidad se consumen 6 barriles de petróleo por cada uno que se descubre nuevo. Los descubrimientos de nuevos yacimientos han caído en picado desde la época de los 70, y es cada vez mayor la proporción de yacimientos de pequeña escala los que se descubren. Los grandes y gigantescos yacimientos ya son cosa del pasado.

Otro de los puntos en el que los economistas se basan para afirmar esto radica en los informes sobre reservas declaradas por parte de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Pero hay que tener muy en cuenta una cosa en estos informes, y es que los países pertenecientes a esta organización acordaron que las cuotas a la exportación irían en relación a las reservas declaradas de cada uno de los países. Esto tuvo como consecuencia que a finales de los años ochenta 6 de los 11 países integrantes de la OPEP aumentarán sus reservas de petróleo de un 42 a un 197%. El caso más escandaloso fue el de Kuwait, el cual en 1985 y de la noche a la mañana duplicó literalmente sus reservas. ¿Encontraron la misma cantidad de petróleo del que disponían en un solo día? Tristemente las estadísticas de reservas actúales siguen contemplando estos descarados inflamientos. Paradójico también es el caso de Arabia Saudí, cuyas reservas son secreto de estado.

Por otro lado, como hicimos notar anteriormente, parte del crudo contabilizado como reserva pertenece al crudo que se abandona en los yacimientos por lo imposible de su extracción, a la espera de que algún día, alguna técnica milagrosa lo extraiga.

Es más, prueba evidente de que esto que afirma Lomborg es falso, es el hecho de que muy recientemente, en este mismo año 2011, los integrantes de la AIE declararon que por primera vez se haría uso de las reservas de emergencia. Se pusieron a disposición de los mercados 60 millones de barriles para tratar de compensar la pérdida de la extracción Libia (a finales de mayo, este país había dejado de poner en el mercado 132 millones de barriles). Este petróleo de emergencia fue dispuesto a razón de 2 millones de barriles diarios por un periodo de 30 días. ¿Sería necesario hacer uso de las estratégicas reservas de emergencia si realmente hubiese un aumento constante en las reservas?

La segunda parte de la declaración, la de que cada vez es mejor la explotación de los recursos es muy cuestionable.

Por un lado, aun siendo cierto que los sistemas de prospección y explotación de petróleo han mejorado mucho a lo largo del tiempo, no implica que hayan crecido en igual proporción los resultados. Más bien diría todo lo contrario: que las técnicas de exploración y explotación han tenido que ser mejoradas por necesidad.

Por otro lado está la cuestión del TRE. Las técnicas más modernas y avanzadas no implican que el TRE de un yacimiento aumente por el uso de estas, sino todo lo contrario. Puede que ayuden a aumentar la producción pero el uso de técnicas más avanzadas de extracción suelen acarrear un mayor gasto de energía.

Y si por explotar los recursos también entendemos el uso que se hace de los mismos, es de justicia reseñar que actualmente se es más eficaz en el uso de la energía en los coches, por ejemplo, los electrodomésticos, calefacción de hogares y edificios, etc… pero también que el consumo ha crecido exponencialmente. Luego, ya no es tan importante que tengamos una pantalla plana de bajo consumo energético en vez de un televisor de tubo de los de toda la vida, sino ¿cuántas pantallas planas de bajo consumo tenemos, cuantos coches por familia…?

Es de reseñar que pese al estado de crisis económica en el que estamos inmersos el consumo de energía aumentó un 5,6% este último año 2010 según la petrolera británica BP. BP publica cada año el Statistical Review of World Energy, una publicación compuesta por una hoja de cálculo y un informe en el que se ofrecen estadísticas de consumo energético (primario y eléctrico), sobre las reservas de petróleo, gas y carbón, la penetración de las renovables, etc, todo ello presentado por países y con datos que en la mayoría de los casos se acompañan de series históricas que se remontan hasta más de 40 años.

Los datos presentados en esta edición por parte de BP muestran una fuerte alza del consumo energético en 2010, después del cambio de tendencia histórico que se dio en 2009 cuando el consumo de energía primaria en el mundo descendió por primera vez desde 1982. El “rebote” ha sido del 5,6%, un crecimiento que no se veía desde 1973. No obstante, este crecimiento ha sido desigual. Mientras que en los países industrializados (OCDE) ha sido de un 3,5%, fuera de estos (excluyendo la antigua URSS, cuyo consumo ha crecido un 5,3%) ha sido de un extraordinario 7,5%. Tan desigual ha sido este crecimiento que solo China es responsable del 20,3% de ese aumento del consumo de un 5,6% a nivel mundial.

La última de las afirmaciones por parte de los economistas, pero no por ello menos importante en cuanto a su calado y generalización en el pensamiento de mucha gente, es la que dice: “Siempre podemos encontrar sustitutos para cualquier recurso que empiece a escasear” (Lomborg).

Si hay una afirmación que evidencia de forma notable la ceguera de los economistas sin duda es esta. Es la expresión máxima de la reducción de todo lo habido y por haber a las leyes del mercado.

¿Es posible encontrar un sustituto valido al agua? ¿Es posible encontrar un sustituto valido a la luz del sol? Probablemente, si hay demanda sí dirían ellos. No obstante, yo objeto que beber petróleo cuando se tiene sed, no debe de ser muy saludable ni placentero.

La realidad es mucho más tajante. No existe alternativa al petróleo. No al menos capaz de mantener nuestro actual estado de desarrollo, modo de vida y uso energético.

De todos modos, en el próximo apartado, alternativas energéticas, expondremos pormenorizadamente cada una de ellas y las evidencias sobre las que baso mi afirmación: No existe alternativa al petróleo.

4. Consecuencias reales:

Las consecuencias reales para los ciudadanos de a pie que tendrá el cénit del petróleo son algo que, aun entrando dentro del terreno de la especulación, deja entrever que será una situación muy grave, tal vez, la más grave acontecida para el ser humano en los últimos milenios junto al cambio climático en ciernes.

No es difícil conjeturar que un petróleo caro producirá un hundimiento de la economía globalizada, un aumento excepcional de la tasa de desempleo, una reducción drástica de las políticas sociales y de manera subsiguiente hambre, conflictos, enfermedades, etc…

De todos modos, debido a la importancia del asunto preferimos dejar este punto para el último de nuestros apartados: Escenarios futuros.

ALTERNATIVAS ENERGÉTICAS

“Aunque son posibles muchas medidas de conservación y sustitución de energía, ninguna ahora a la vista tiene la cantidad y la calidad para sustituir a los ricos combustibles fósiles para soportar los altos niveles de la estructura y el proceso de nuestra civilización actual”

Howard T. Odum – Elisabeth T. Odum – “A prosperous way Down” (2001)

Por experiencia personal, a lo largo de los años, cuando hablas con gente que no conoce nada o poco acerca del cénit del petróleo, suelen darse habitualmente tres reacciones muy naturales y humanas: una es la negación, otra la incredulidad, y la tercera de las más usuales es aquella que deposita fe ciega en la tecnología y en los avances futuros para que todo siga igual. Pues bien, la cruda realidad es que, como decía antes, no existe una alternativa al petróleo en el sentido de que pueda ocupar todos los espacios que hoy ocupa el petróleo tanto en términos de flexibilidad, densidad energética y fines. Y tristemente, creo que nos podemos permitir la licencia de afirmar que tampoco existirá en el futuro, no tanto porque el ser humano no tenga capacidad de inventiva sino por una circunstancia llamada “plazo de régimen energético”, esto es el tiempo que se requiere para que un sistema basado en una “nueva” fuente de energía se instaure de forma efectiva, es decir, que se desarrollen esas nuevas tecnologías, nuevas formas de distribución, nuevas infraestructuras, nuevos vehículos, nuevas necesidades sociales, nuevos marcos legales, nueva financiación, etc. Y todo ello os podéis imaginar que requiere de unas cuantas décadas aun siendo precoces. A modo de ejemplo, el petróleo tardó casi sesenta años en sustituir al carbón de forma efectiva desde su descubrimiento hasta su implantación generalizada como nuevo régimen energético.

Tenemos que tener en cuenta una vez más que estamos rodeados de petróleo tanto en lo tangible como en lo intangible, pues es a través de este recurso como hoy día es posible la vida bajo el sistema agro-urbano-industrial. No estaría mal recordar aquello que el petróleo representa y cuáles son sus principales ventajas:

-       Posee una importante densidad energética.

-       Puede refinarse y transformarse en diferentes tipos de combustibles.

-       Sus usos son extensísimos y prácticamente pasa por cualquier sector o industria imaginable.

-       Es fácilmente transportable.

Bajo está declaración de condiciones, vamos a analizar cada una de las posibles alternativas energéticas empezando por los elementos más parecidos al petróleo por su naturaleza, los hidrocarburos, para pasar a las “alternativas” que representan las energías renovables, la energía nuclear y las energías “exóticas”.

Pero antes creo que es muy importante reseñar que prácticamente no existe ninguna fuente de energía que no esté subvencionada por el petróleo. Con esto quiero decir que la totalidad de alternativas energéticas posibles requieren del apoyo del petróleo para su existencia, o como mínimo para su inicialización (y aun así sería muy discutible la continuidad sin el apoyo del petróleo).

¿Es posible tal vez extraer carbón, transportarlo y procesarlo sin el uso de petróleo? ¿Es posible instalar un parque eólico sin el uso de petróleo? ¿Es posible fabricar una placa solar sin petróleo? ¿Es posible montar una central nuclear sin el uso de petróleo?

1. Alternativas energéticas fósiles:

  • Carbón:

El carbón es el más abundante de los combustibles fósiles hoy día. Pero el de uso más polémico por lo desastroso que resulta para el medioambiente.

Es destacable su uso en la generación de electricidad, siendo el combustible más usado para generar electricidad a nivel mundial. Sólo en EE.UU. representa el 51% del pastel de generación eléctrica. Por otro lado, también destaca su baja densidad energética. De hecho, aproximadamente sólo un 35% de la energía contenida en el mineral acaba siendo convertida en electricidad.

Las centrales eléctricas alimentadas con carbón convierten en electricidad, de media, en torno a un 34% de la energía contenida en el carbón. Las centrales más modernas, que utilizan los sistemas de “ciclo combinado” llegan a tener una eficiencia próxima al 55%, lo cual los sitúa en un umbral difícil de superar en cuanto a eficiencia energética teniendo en cuenta su materia prima. Es inimaginable la gran cantidad de energía que se pierde en forma de calor, gases y agua en la combustión del carbón.

A nivel de combustible para transporte el carbón tiene poco que decir, aunque, es cierto que existe tecnología capaz de conseguir combustibles sintéticos a partir del carbón. De hecho, es lo que mantuvo en movimiento la maquinaria de guerra alemana durante la II Guerra Mundial cuando los nazis no pudieron proveerse de petróleo. Eso sí, la TRE es tan baja que prácticamente es ridícula. Jamás el carbón podría sustituir al petróleo como combustible para transporte, ni tan siquiera en una ínfima parte. Sobre todo en  los términos de demanda actual.

Aparte de estas consideraciones también sobrevuela sobre el carbón el cénit de producción. La demanda de carbón crece a un ritmo de un 2,4% por década, pero es fácilmente imaginable que tal y como crece la demanda de electricidad la demanda de carbón para generar la misma crecerá exponencialmente los próximos años.

La AIE estima que las reservas de carbón pueden dar para 250 años de suministro, pero también reconoce que “gran parte de estas reservas no se explotarán por su alto contenido en azufre, su baja calidad y sus altos costes de extracción”

Entonces pregunto yo, ¿cuál es la situación real de las reservas utilizables de carbón a nivel mundial? ¿Puede permitirse nuestra sociedad un viraje hacia una economía energética más pobre basada en el carbón? ¿Puede el medioambiente permitirse este viraje?

Concluyendo, el carbón nos permitirá disponer de energía eléctrica unos años más, pero, a causa del agotamiento y el aumento de la demanda por efecto del agotamiento del petróleo y el gas natural, difícilmente podríamos basar nuestras expectativas futuras en el carbón como la fuente de energía transitoria necesaria.

  • Gas natural:

El gas natural es un combustible fósil bastante idóneo como alternativa transitoria pues presenta una serie de ventajas muy significativas:

-       Emite menos CO2 que el petróleo en su combustión.

-       Tiene una TRE alta

-       Tiene cierta versatilidad de usos (producción de electricidad, hidrógeno, fertilizantes, calefacción, combustible para el transporte).

Pero también presenta una serie de inconvenientes a tener muy en cuenta:

-       Pérdidas por fugas estimadas entre un 2% y un 4%

-       Dificultad muy alta de transporte en barco.

-       Agotamiento del recurso en ciernes.

Las pérdidas por fugas son algo terrible hoy día. Teniendo en cuenta que el 95% del gas natural está compuesto por metano (un gas de efecto invernadero 24 veces más potente que el dióxido de carbono) El daño que provocan al medioambiente estas fugas es incalculable.

La dificultad de transportar el gas por otros medios que no sea a través de gaseoducto es un hecho realmente limitador. Es reseñable que 1/3 de las reservas de gas en el mundo están situadas en Oriente Medio. Disponer de gaseoductos que nutran a Europa o el resto de Oriente es posible, pero a América u Oceanía es imposible, por tanto se requiere del uso de buques cisternas y puertos de carga y descarga especiales. Especiales fundamentalmente porque el gas natural debe ser transportado en estado líquido a una temperatura de – 176ºC. EE.UU, por ejemplo, cuenta con sólo 3 puertos de descarga de gas natural, aunque hay proyectado la construcción de alguno más, pero a todas luces es insuficiente para nutrir a la nación si esta fuera dependiente al 100% de gas natural importado.

Como factor limitador, por último, también desvelaría el cercano cénit de producción de gas natural. Y digo cénit de producción porque el de descubrimientos de yacimientos ya se ha dado. Por ejemplo, en EE.UU. entre los años 1977 y 1987 se descubrieron alrededor de 9000 yacimientos, mientras que en la siguiente década sólo se encontraron unos 2500.

A quien guste de ver los efectos reales que tienen estas circunstancias, puede fijarse en el aumento del precio del gas natural que hubo en EE.UU. en el año 2000 donde el precio aumento un 400%

De manera que el gas natural pese a ser, en teoría y en un principio, un sustituto ideal para el petróleo, no sólo no podrá ser un sustituto sino que agravará aún más la situación por lo fuertemente dependientes que ya somos del gas natural.

  • Arenas bituminosas y querógeno:

Las arenas bituminosas, como ya explicamos anteriormente, son una amalgama parecida a un mezcla de alquitrán de arcilla, petróleo crudo y agua. Fundamentalmente existe en modo sustancial en dos puntos en todo el planeta: la región de Alberta en Canadá y en Venezuela.

La TRE de este elemento es bajísima, pero si por algo destacan especialmente las arenas bituminosas es porque aparte de representar un porcentaje muy alto de las actuales reservas de petróleo mundial (aproximadamente 1 billón de barriles de petróleo), es porque su impacto medioambiental a la hora de ser procesadas para extraer el crudo de ellas es brutal. Actualmente se extrae de las arenas bituminosas alrededor de 1 millón de barriles, y muy difícilmente podría aumentarse esta producción, a tenor de lo localizado de la producción y lo complejo del proceso de refinado y deshidratación. Para haceros una idea general, el proceso requiere del uso de agua caliente en flotación para quitar una delgada capa de betún de los granos de arena, entonces se añade nafta -un destilado del petróleo- al material resultante para poderlo tratarlo sintéticamente. De media, es necesario procesar dos toneladas de este tipo de arenas para obtener un solo barril de petróleo. La cantidad de residuos que generan las técnicas de obtención es ingente, produce una contaminación incalculable de aguas, tierras, etc… lo que ya ha provocado la confrontación con las poblaciones locales aquejadas por un aumento exponencial en casos de cánceres, enfermedades respiratorias y abortos.

Es una alternativa absolutamente destructiva con el medio. Por tanto, jamás debería ser tan siquiera considerada como un paliativo a la situación de languidez energética.

El querógeno no es muy diferente en esencia a las arenas bituminosas, de hecho, es aún más desastroso.

A lo largo de casi 90 años las más importantes de las compañías petrolíferas han intentado desarrollar una tecnología viable para la extracción de crudo a partir de este compuesto, pero todas han fracasado (Chevron, Exxon, Unocal, Occidental Petroleum…).

El proceso de recuperación exige de la explotación de minerales, su transporte, su calentamiento a 480 grados centígrados, la adición de hidrógeno y la gestión de los desechos. Toda una suerte de lotería energética irrecuperable… Medioambientalmente  ya ni hablemos. Si las arenas bituminosas suponen un grave problema medioambiental allí dónde se explotan, la tecnología de extracción de crudo del querógeno se lleva la palma pues la cantidad de residuos que genera supera en mucho el volumen del propio mineral, y la necesidad de agua fresca que requiere es ingente. Definitivamente podríamos cerrar el capítulo del querógeno con el mismo análisis con el que hemos cerrado el de las arenas bituminosas.

2. Alternativas energéticas renovables:

  • Eólica y Solar:

Aunque la naturaleza que mueve a estas alternativas es diferente, las coloco en un mismo punto por estar aquejadas casi del mismo problema principal, y ese problema es la inestabilidad de suministro. Ambas están aquejadas de un mismo condicionante: la disponibilidad del recurso. Una cuando sopla el viento y la otra cuando luce el sol.

Vista por separado la energía eólica es, junto con la hidráulica y la termal, la más potente de las energías renovables posibles. Actualmente se ha avanzado mucho en el desarrollo de generadores cada vez más potentes y eficientes, pero la realidad es que la cantidad total de energía eléctrica generada a través de energía eólica es muy pequeña aún. De hecho, en EE.UU. la cantidad total de energía eléctrica generada por medios renovables es del 1%. Cierto es que EE.UU. no es  precisamente el mejor referente en tanto en cuanto a nación involucrada con la instalación de sistemas de generación de energía eléctrica renovable, pero también hay que tener en cuenta que su producción y consumo de energía per capita es el mayor del mundo, de lejos.

Se precisaría de la instalación de una gran cantidad de parques eólicos para llegar a suponer algo en el pastel de generación de electricidad a nivel mundial, y todos los países no cuentan con los recursos naturales idóneos para aportar lo que se requeriría de cada uno de ellos. Por ejemplo, a día de hoy en España, que es el segundo país productor de energía eléctrica de origen eólico, después de Alemania,  ésta sólo supone alrededor de un 16% del total dentro de las renovables.

La energía solar se encuentra en un estado mucho más embrionario. El alto coste de las placas solares y lo limitado de su vida útil ha hecho que la generación de electricidad a través de este medio haya sido siempre algo exótico y limitado a casos puntuales de necesidades de suministro eléctrico aisladas de la red principal. La TRE de este sistema es bajísima y requiere de una buena cantidad de años para empezar a rentar simplemente la inversión energética en su construcción. También es cierto que existen otros sistemas de generación a partir de esta fuente no basada en placas, pero no suman significativamente. Se estima que la energía solar provee aproximadamente 21 gigavatios de los 3200 que se producen a nivel mundial, es decir un 0,65%.

El total de energía renovable instalada en España supuso un 9,4% de la cobertura de energía primaria. Con estos datos no pretendemos desincentivar el uso de este tipo de energías ni mucho menos. Todo lo contrario, ojalá el uso de estas energías pudieran llegar a sustituir por completo la generada por el carbón, el petróleo y la energía nuclear incluso, pero seamos realistas, esto no solventa el problema de la necesidad de energía para el transporte, ni tampoco el de estacionalidad, pues se requiere nuevamente del uso de baterías en todo caso para disponer de energía eléctrica en aquellos casos en los que no luzca el sol o no sople el viento. Además, nunca debemos de olvidar lo subsidiadas que están estas fuentes de energía por las de origen fósil. Por tanto, el enfoque que se debe dar a estas fuentes de energía no va mucho más allá que el de “complemento energético”.

  • Hidráulica, termal y mareomotriz:

La energía hidráulica hoy día es la que es. Quiero decir, es un sistema energético que deja poco margen a la innovación, la eficiencia y los avances tecnológicos. Precisa de la existencia de ríos y flujos de agua importantes, y sólo naciones ricas en estos recursos como Canadá, Suecia o Noruega pueden permitirse condimentar su ensalada energética de forma notable con esta fuente de energía. No esperemos mucho más allá de este sistema. Cierto es que se pueden generar grandes infraestructuras como las creadas en China, pero ya entra en juego en la ecuación energética, y de forma notable, la TRE y por supuesto el impacto medioambiental.

La energía termal sufre casi el mismo problema de la hidráulica, es decir, sólo está disponible en aquellos lugares donde el recurso existe de forma natural. A día de hoy, sólo Islandia suple gran parte de su necesidad de energía eléctrica con esta fuente. No existe ningún otro caso. Creo que saber esto es más que suficiente para zanjar el debate con respecto a este sistema.

La energía mareomotriz se podría decir que está en pleno proceso de gestación y, ya de entrada, presenta una serie de dificultades muy serias. Las más importantes son el desgaste y los problemas técnicos que acarrea el producir electricidad en el mar. La salinidad y la humedad corroen todo material que se precie, incluso el acero inoxidable de mayor calidad. Aparte de sumar otros inconvenientes técnicos. La potencia instalada de este tipo de estructuras es irrisoria y su coste monumental. El proyecto de planta de energía eléctrica mareomotriz en el estuario del Severn en Reino Unido tiene un coste inicial de 19 mil millones de euros y se prevé que pueda suplir el 6% de la energía eléctrica que consume el país. (James Lovelock – “La venganza de la Tierra”). Si a esto aplicamos la infalible ley de que un proyecto de construcción aumenta su presupuesto en torno a dos veces y media su presupuesto inicial, y que de seguro, muy difícilmente se podrá alcanzar la tasa de generación esperada nos podemos hacer una idea de la idoneidad de este tipo de instalaciones.

  • Biomasa y biocombustibles:

La biomasa supone un porcentaje alto en algunos casos dentro del pastel energético de las renovables según dónde nos situemos. Su significancia no va más allá de “complemento energético”.

Los biocombustibles se diseñaron enteramente por y para el transporte. La implantación de los cultivos de estos tuvo en principio un fuerte auge para sufrir un paulatino declive poco después. Tal vez no sean demasiado rentables por un lado y tal vez la penetración en el mercado no haya sido la deseada en un principio, pues es destacable el rechazo que suscita entre los consumidores. En cualquiera de los casos, y adentrándonos en un terreno más medioambiental, propongo la siguiente reflexión: Si hemos ocupado casi la mitad del planeta con tierras de cultivo para alimentar a la creciente población, ¿qué haremos con la otra mitad disponible, alimentar nuestros coches? ¿O serán las personas las que dejen de comer para que coman los coches? Esto último lo puedo responder yo mismo, pues, ya está pasando.

3. Alternativas energéticas varias:

  • Nuclear:

La energía nuclear en su día vino a significar lo que hoy día significa el hidrógeno, es decir, la gran esperanza.

Cuando a raíz del discurso pronunciado por el presidente de EE.UU. Eisenhower “Átomos por la paz” se propulsó el uso de la energía nuclear con “fines pacíficos” se estaba realmente abriendo una vereda hacía una fuente energética cuyas claves aún no se tenían muy claras. En un principio, la energía nuclear se vendió al gran público como una fuente de energía económica, segura, limpia e infinita. El tiempo nos ha demostrado que estas cuatro afirmaciones son profundamente falsas.

En la base, la energía nuclear posee una abrumadora densidad energética y una alta TRE si la enfocamos desde el punto de vista de generación de energía una vez puesto en marcha el sistema de las centrales nucleares, pero si abrimos un poco la perspectiva, y valoramos el coste de extracción del combustible, el montaje de las centrales, el mantenimiento constante de los reactores, el tratamiento de los residuos, etc. Nos quedamos con una TRE excepcionalmente baja así como unos costes económicos altísimos.

Con respecto a lo de ilimitada, es algo muy discutible. Si nos centramos en el uranio como combustible principal, es evidente que éste sufrirá inexorablemente, como el resto de recursos finitos, un cénit de producción, y este no estará muy lejos, al albor del aumento espectacular que se producirá de su consumo cuando esta fuente de energía tenga que sustituir los nichos que irán dejando el gas natural, el petróleo y el carbón. Aparte de que el uranio no es precisamente un elemento muy abundante en el planeta Tierra.

Es cierto que si abrimos el abanico de combustibles nucleares, podemos decir que la generación de combustible nuclear es infinita si nos basamos en los reproductores rápidos de plutonio, pero de estos sólo existen unos pocos y son prohibitivamente caros aparte de inseguros. Estos reactores generan una cantidad de calor casi incontrolable y precisan de sodio líquido y metales fundidos para absorber ese calor. Aparte, son muy propensos a los incendios, como ocurrió con el japonés de Monju en diciembre de  1995. Francia e Inglaterra poseen ambos un reactor de este tipo, el francés llamado Superphoenix funcionó un total de menos de un año de un total de diez.

También es posible usar como combustible una combinación de elementos llamada MOX, donde se mezclan óxidos de plutonio y uranio, de forma que las barras de uranio ya desgastadas previamente tras su uso vuelven a poder ser usadas nuevamente en las centrales. Sin embargo, existen muy pocas plantas MOX en el mundo, y las que hay se han convertido en una auténtica pesadilla.

Por otro lado, aquello que nos prometieron sobre la seguridad de las centrales nucleares… ni falta hace que precise del apoyo de los históricos para desmentirlo: Chernobil (URSS), Three Mile Island (USA), Vandellós (España), Diablo Canyon y San Onofre (California – USA), el actual Fukushima (Japón) o el más novedoso aún de Nebraska en la central nuclear de Fort Calhoun.

Cierto es que es mucho más improbable que una persona muera en un accidente nuclear que un accidente de avión, pero también es verdad que de producirse un accidente nuclear las víctimas podrían no contarse por decenas, sino por miles o millones, aparte del largo y costoso legado que dejaría medioambientalmente hablando en la zona afectada.

En términos de limpieza nuevamente tenemos material propenso a la polémica. ¿Limpia con respecto a qué? ¿A qué no se genera CO2 en el proceso de fisión nuclear? Muy bien, pero si valoramos la cantidad de CO2 que emiten las labores de extracción del mineral, construcción de las centrales, tratamiento de residuos, etc… podemos concluir que la energía nuclear no es precisamente limpia medioambientalmente hablando. Con respecto a los residuos es reseñable que cada central nuclear genera aproximadamente 1.000 toneladas métricas al año de residuos de medio y bajo nivel radioactivo, y que las plantas de generación y procesado de combustible a su vez generan 100.000 toneladas anuales por planta. ¿Siguen siendo limpias?

De todos modos, y centrándonos en el punto energético de la cuestión, la energía nuclear falla fundamentalmente en el punto en el que su uso es casi exclusivo para la generación de electricidad, su uso en el transporte es prácticamente inexistente, sólo se usa para mover mega estructuras con fines militares como submarinos y portaviones nucleares. Cierto es que se podría preguntar uno, y ¿por qué no convertir la actual flota automovilística mundial (aproximadamente 790 millones de vehículos), en una flota impulsada con electricidad? Esto difícilmente sería posible, requeriría de un uso masivo de baterías (las cuales son caras, muy limitadas y no funcionan bien en climas muy fríos o muy cálidos). Aparte de esto, grandes sistemas de transporte como barcos, aviones o maquinaria agrícola o minera difícilmente podría ser movida mediante baterías o pilas de combustible

La energía nuclear, por lo limitado de su uso, al igual que el carbón, está limitada a extender la generación de electricidad tantos años como sea posible. El uranio una vez agotado pasará a la lista de las no alternativas.

  • Hidrógeno

El hidrógeno, pese a lo que mucha gente puede llegar a pensar, no existe en nuestro planeta como elemento libre tal cual, como si de un yacimiento de hidrógeno pudiésemos hablar. El hidrógeno siempre se encuentra asociado a otro elemento químico, bien puede ser al oxígeno para formar agua, al nitrógeno para formar amoníaco, etc. Pero no es muy amigo de la soledad.

Esta característica añade un punto de dificultad muy importante a este elemento y a su estabilidad. Existen varios sistemas de generación de hidrógeno, bien a través de electrolisis del agua, bien a través de la combustión de carbón o del gas natural, siendo esta la más utilizada.

Habitualmente, el hidrógeno se crea y se consume in situ y prácticamente al instante, pues la volatilidad del elemento es la más alta de la naturaleza. El porqué de su volatilidad radica en su propia naturaleza atómica, es el átomo más simple que existe por tanto no hay estructura posible que lo mantenga a raya. Todo contenedor, sea del material que sea, será perforado por el hidrógeno en sus ansías por conseguir la libertad y emparejarse, y por ende, debilitará la estructura atómica del contenedor.

Aparte del contenedor en sí mismo, hay que tener en cuenta también las condiciones, pues el hidrógeno se debe almacenar en estado líquido, lo cual requiere de un consumo energético notable para mantener al elemento en ese estado. Esto es porque como todo gas tiende a expandirse tanto como el volumen del contenedor se lo permita.

Por tanto, es hora de vestir a este rey desnudo y descubrir la gran falacia que supone, el hidrógeno no es ninguna fuente de energía en sí misma sino un vector energético, un auténtico sumidero de energía. Cierto es que no genera emisión contaminante alguna en su combustión, pero ¿y en su proceso de consecución?

Basar nuestras esperanzas en una sociedad sustentada en el uso del hidrógeno a nivel extensivo tanto en la generación de electricidad como combustible para el transporte es la mayor utopía mesiánica en términos energéticos jamás proyectada.

4. Alternativas energéticas exóticas:

  • Fusión nuclear:

La fusión nuclear está en un proceso de experimentación. No existen plantas de generación de electricidad basadas en este sistema a nivel comercial. A diferencia de la fisión nuclear o energía nuclear convencional, los elementos que se utilizan para generar la electricidad no son el uranio, el plutonio, ni ningún otro elemento radiactivo, sino que el elemento que se usa fundamentalmente es el hidrógeno y unos isótopos de éste, el deuterio y el tritio.

El caso es que a nivel práctico esta tecnología está literalmente tomando su primera papilla. Para conseguir generar electricidad suficiente a través de este sistema es preciso calentar los átomos de hidrógeno a 150 millones de grados centígrados, ya que a esta temperatura es cuando los átomos de hidrógeno alcanzan velocidades que hacen que de las colisiones resultantes entre estos átomos se genere energía. Como todos podéis imaginar no disponemos en la naturaleza del planeta Tierra ningún material que pueda soportar esas temperaturas salvo en experimentaciones infinitesimales. Cierto es que se está experimentando con contenedores de ondas electromagnéticas y plasma, pero en boca de los propios investigadores y desarrolladores de estas tecnologías son necesarios al menos 5 décadas de ensayos para poder implementar esta tecnología de un modo efectivo. ¿Hace falta decir algo más? Incluso un súper entusiasta de este sistema como James Lovelock manifiesta “…la energía de fusión, necesita todavía décadas de investigación y desarrollo antes de poder ser empleadas a escala suficiente…”

Ojalá llegue el día en que esta tecnología pueda implementarse, pero hasta entonces, no debemos de considerar esta posibilidad como algo más de lo que realmente es: una tecnología en experimentación.

  • Dispositivos de energía libre:

La tecnofilia utópica en su máxima expresión elevada a la máxima potencia. Así es como podrían describirse las teorías de “energía libre”. Durante muchas décadas se han patentado a lo largo y ancho del mundo máquinas y teorías de movimiento perpetuo, de energía libre, de punto cero, etc. El caso es que muchas de estas teorías de funcionamiento se basan en dos puntos fundamentales para su existencia:

Uno es la creencia de que el vacío en el universo es energía. Si entendemos que todo en el universo es materia y energía, todo aquello que no sea materia será energía. Bueno… ésta es una expresión un poco controvertida. El vacío es vacío, la nada, energía precisamente, no es.

El otro es el desafío a las leyes de la termodinámica. Hoy por hoy, ningún sistema energético en todo el universo ha conseguido desafiar y vencer estas leyes. Si eso se podrá conseguir en el futuro, quién sabe, pero es improbable al 99,99 % y otorgo ese mínimo porcentaje al argumento de que “en esta vida todo es posible”.

5. Eficiencia energética y no uso:

Por todo el mundo es conocido que no hay energía más limpia, segura y económica que la que no se gasta. Eso es indiscutible.

Cierto es que a lo largo de los últimos años se han implementado políticas a todos los niveles, en aras de la eficiencia energética, e igualmente cierto es que han tenido su resultado en cuanto a disminución en muchos casos de consumo de energía y emisiones contaminantes. Pero tan cierto como estas dos circunstancias también lo es el hecho de que la eficiencia energética tiene un límite, no es aplicable de forma continuada.

Fundamentalmente, la eficiencia energética se podría dividir en dos apartados, uno es el que corresponde a las medidas fáciles y económicamente viables de implantación, y el otro apartado, y es ahí donde se establecen los límites, es la de implantación difícil y económicamente gravosa.

Muy por encima de la eficiencia energética está el no consumo. Pero también es cierto que no podemos dejar de consumir energía pues nuestro sistema al completo se hundiría. Haciendo un símil sería como si en pleno vuelo decidiéramos apagar los motores del avión en beneficio del ahorro energético, nos estrellaríamos.

El camino a seguir en el futuro es complicado de establecer, pero, que dentro de ese camino, la eficiencia y el no uso de energía van a estar combinadas a fuentes de energía renovables no sólo debería de ser lo deseable sino que muy probablemente será lo necesario.

ESCENARIOS FUTUROS

“Mi padre montaba un camello. Yo conduzco un coche. Mi hijo vuela en avión. Su hijo montará un camello”

Dicho Saudí

“Una vocecita susurraba insistentemente en el fondo de mi conciencia que la verdadera catástrofe estaba todavía por llegar. Y más allá oía asimismo la cobarde plegaria de la humanidad de todas las épocas: Por favor, no en mi tiempo”

“Las Torres Del Olvido” – George Turner (1987)

“Tarde o temprano, nos sentaremos ante un banquete de consecuencias”

Robert Louis Stevenson (1885)

“Cuanto antes entienda la gente la situación en la que se encuentran las sociedades industriales, menos sufrimiento se causará cuando hagamos la desagradable, pero inevitable, transición al nuevo régimen energético”

Richard Heinberg (2003)

Sin duda alguna, enfocar este apartado ha sido con mucho el más difícil. Fundamentalmente, por dos cuestiones principales: una es que no existe prácticamente bibliografía alguna para tomar como apoyo, la otra, que es un ejercicio de abstracción.

Nosotros, como ya imaginaréis, no poseemos la virtud de predecir el futuro, pero hoy día el hombre ser humano cuenta con herramientas basadas en el conocimiento de cómo han determinado, en el desarrollo de las sociedades, las épocas de abundancia o escasez energética en el pasado. Deberíamos ser capaces de prever algunas de las líneas maestras de los acontecimientos que vendrán mientras las sociedades industriales se trasladan de una condición de abundancia a una de escasez energética.

La realidad es que ya estamos en un punto en el que cada año que pase habrá menos energía neta disponible para la humanidad, sin importar nuestros esfuerzos o nuestras elecciones. Con esto no quiero decir que la humanidad vaya a quedarse sin recursos fósiles o de otra índole de la noche a la mañana, pero es ineludible el hecho de que la cantidad de energía neta se reduce a un ritmo de un 2% anual. Esto ya es incontestable, no se puede mirar para otro lado.

Bajo este marco de difícil asimilación se abren a grandes rasgos dos vías especulativas principalmente, lo que el visionario Hubbert describió como la existencia de dos sistemas universales. Por un lado está el sistema monetario y por otro el sistema que interrelaciona materia y energía.

El sistema monetario, por medio de una vaga unión, ejerce un control general sobre el sistema materia-energía al que está superpuesto. La característica principal del sistema monetario es el crecimiento exponencial infinito. Algo imposible en un planeta de recursos finitos. De seguir ciegamente con este sistema, estamos abocados al más pesimista de los escenarios posibles: guerra, hambre y enfermedad.

Por el contrario el sistema materia-energía no permite un crecimiento exponencial más allá de unas pocas decenas de duplicaciones, y ahora mismo esa es la etapa en la que nos encontramos. No podemos seguir duplicando nuestra población, nuestro consumo, nuestro derroche en definitiva.

A juicio de Hubbert, si queremos evitar el caos durante el declive de la energía, debemos abandonar ese anticuado sistema monetario, basado en la relación deuda-interés y adoptar un sistema contable basado en la materia-energía, un sistema intrínsecamente ecológico que admitiría el carácter limitado de los recursos básicos.

Es frecuente y muy normal que la gente reste importancia a este fenómeno basándose en la creencia de que de producirse, este será de forma paulatina, progresiva y cuasi inocua. Pero esta postura no deja de ser en sí misma un ejercicio de especulación. Sólo apuntaré un dato a este respecto que os hará reflexionar: Lehmann Brothers tenía una calificación por parte de las agencias de rating de doble A dos días antes de declararse en quiebra. Y lo aún más escandaloso, las prestamistas Fannie Mae y Freddie Mac tenían calificación triple A cuando fueron rescatadas por la reserva federal estadounidense, no antes ni después, sino justo en el momento de ser intervenidas estatalmente. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que el cénit de producción de petróleo desemboque en un derrumbe y colapso instantáneo de la sociedad y el sistema capitalista, sólo apunto a que esta probabilidad es tan especulativa como la que vislumbra un decaimiento progresivo y ordenado en el tiempo. La secuencia de acontecimientos a veces posee una componente de imprevisibilidad que abarca desde la inmediatez hasta la postergación más suave. En nuestro caso concreto, probablemente no sea ni lo uno, ni lo otro, pero no lo sabemos a ciencia cierta.

Podríamos distinguir dos niveles de consecuencias que tendrá el cénit del petróleo: uno de esos niveles es el que atañe a los sistemas que acompañan al hombre agro-urbano-industrial, el otro de los niveles es el que atañe a las personas directamente.

Las consecuencias que tendrá el cénit del petróleo en nuestra agricultura, industria, transporte, bienes, cultura, sociedad, etc, queda ligeramente retratado en el apartado nº 4 (Consecuencias reales), del punto Cénit de producción de petróleo. Luego, no incidiremos más allá, por sobreentender que a estas alturas de la lectura ya todos podéis haceros una idea clara de las consecuencias de basar una civilización, por entero, en un recurso cada vez más caro, escaso y encarando su agotamiento definitivo.

Con respecto a las consecuencias que tendrá para las personas y sobre todo las alternativas posibles, creo que sería bueno ceder el paso, y en este punto, rescato parte del artículo “Crisis energética: Consecuencias y Alternativas” escrito por mi compañera Patricia Terino unos años atrás, a éste respecto, decía así:

(…) Somos conscientes de que dicha situación es difícil de imaginar y asimilar, pero es preciso tomar consciencia de ello, pues la naturaleza sigue su curso sin atender a toda esta serie de necesidades que hemos creado y añadido a nuestras vidas y que forman parte de todo este constructo artificial sobre el que “vivimos”. Desde este punto de vista, es necesario dirigir nuestra mirada hacia un ámbito distinto, con estilos de vida muy diferentes al que prima en la actualidad, y cuanto antes seamos capaces de reconocer la gravedad de la situación, con mayor premura podremos comenzar a cambiar y a desechar muchos de nuestros hábitos cotidianos y en general, nuestro estilo de vida, pues éste será totalmente impracticable en la sociedad postpetrolífera a la que nos dirigimos. Por ello, se hace imprescindible una vuelta a las técnicas ancestrales de subsistencia, a la dependencia total de los frutos de la tierra, con el agravante de que nos encontraremos con un mundo devastado ecológicamente, una tierra esquilmada y una atmósfera contaminada tras dos siglos de intensiva producción y explotación industrial. Nos enfrentamos a una vuelta a la Edad Media, y nos asentaremos en ella con todos los prejuicios que ha traído consigo la industrialización.

(…) será estrictamente necesario adoptar unas nuevas estructuras sociales, políticas y económicas, pues las vigentes en la actualidad serán totalmente insostenibles, por lo que habremos de abogar por la austeridad en las formas de vida, estrechar los lazos de solidaridad entre las personas y por el rechazo al crecimiento, es decir, habremos de inclinarnos justamente hacia todo aquello que el sistema actual en el que vivimos inmersos se esfuerza por eliminar.

(…) Pero, ¿Qué ocurrirá en el período de transición hacia esta nueva situación? Esta es una de las cuestiones más relevantes y que entraña una mayor preocupación por parte de todos aquellos interesados y dedicados al estudio de la crisis energética. Ya apuntamos al comienzo de esta exposición la dificultad que supone el tratamiento de dicha cuestión, pues en este caso, nos situamos en un ámbito meramente hipotético y especulativo. A pesar de ello, es lícito considerar cada una de estas hipótesis al respecto, ya sean formuladas desde una perspectiva optimista o por el contrario, nos sitúen ante un trágico escenario, pues todas ellas son planteables desde la más profunda antropología, habida cuenta del comportamiento humano a lo largo de las vicisitudes históricas, las relaciones establecidas entre los hombres y en definitiva, el lugar que ocupa el hombre en el mundo.

(…) La pregunta que todos nos planteamos es: ¿Qué podemos hacer al respecto? La respuesta ha sido introducida ya a lo largo de esta exposición. Como ya sabemos, no hay sustituto para las energías fósiles que sustenten nuestra sociedad tal y como está estructurada en la actualidad, por ello, dicha estructura desaparecerá con el petróleo, sus derivados y el resto de combustibles fósiles. Así, es necesario llegar a asimilar esta nueva situación y no emprender una huida hacia delante, aferrándose a los últimos reductos de nuestra civilización. Hemos de comenzar a cambiar nuestro estilo de vida, a darnos cuenta de que habremos de aprender a vivir sin coche, sin móvil, sin ordenador y sin toda la artificialidad que el sistema ha construido, mostrándola como pura necesidad, y dar paso entonces a una forma de vida más natural necesariamente. Es mucho lo que nos queda por aprender para ello, pues se trata de aprender a subsistir y para eso, desde nuestro punto de vista, se hace totalmente necesaria la emergencia de todos aquellos valores positivos que el ser humano es capaz de desprender, pues creemos que sólo desde la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo será posible aprender todo lo necesario para sobrevivir en el entorno natural al que debemos aspirar, con todo lo que ello supone, pues junto al duro trabajo situamos la libertad, una forma de vida localista y un medio propio para poder desarrollar todos los buenos valores que el sistema ha escondido, pero que se encuentran latentes en nuestro interior a la espera de que se produzcan las condiciones necesarias para que puedan aflorar”

Creo que las directrices a seguir quedan claramente esbozadas a estas alturas. Menos es más. Todos y cada uno de nosotros sabremos establecer nuestro rango de acción particular, no estamos aquí para aleccionar a nadie.

A raíz de los acontecimientos de carácter contestatario como las revueltas árabes, el movimiento 15-M y otros generados recientemente, queda patente la capacidad de presión y de movilización del pueblo. Por tanto, es otro rango de acción que va más allá del particular, es el colectivo, y éste sin duda alguna tiene una expansión que en modo alguno el particular podría sustituir.

El dar a conocer a otras personas esta problemática es fundamental para generar una conciencia social del problema, evitando a su vez que sea estigmatizado por el calificativo “antisistema” o “conspiranoico”. El cénit de producción de petróleo y sus consecuencias no tienen cariz político, pues afecta a todas las personas, independientemente de su color político, por igual. Sólo a través de la transmisión de la información de un modo objetivo, realista pero ante todo vitalista se conseguirá inculcar en el resto de personas el mensaje, no por adoctrinamiento, sino porque se trata simple y llanamente de lógica y sentido común.

Manuel Romero

BIBLIOGRAFÍA

-       AEREN

-       BP Statistical Review of World Energy

-       Campbell, Colin J. “The end of cheap oil” Scientific American, Marzo 1998

-       Campbell, Colin J. “The coming oil crisis” Publishers Group, Abril, 2004

-       Fdez. Durán, R. “El crepúsculo de la era trágica del petróleo” Virus Editorial, Junio 2008

-       Heinberg, Richard “Se acabó la fiesta” Barrabes Editorial, Noviembre, 2006

-       Lomborg, Bjørn “El ecologista escéptico” Espasa Calpe, 2005

-       Odum, Howard T. “A prosperous way Down” University Press of Colorado, 2001

-       Roberts, Paul “El fin del petróleo” Ediciones B, Noviembre 2004

ENLACES

-       AEREN (Asociación para el Estudio de los Recursos Energético) – Español

-       Anual Energy Outlook USA government – English

-       ASPO (Association for the Study of Peak Oil) – English

-       Bjørn Lomborg – English

-       BP Statistical Review of world energy 2011 – English

-       IAE (Agencia Internacional de la Energía) – English

-       IHS (Petroconsultant) – Multilingüe

-       EIA (Energy Information Administration USA) – English

-       Oil Crash Observatory – Español

-       OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) – English

-       Paul Roberts – English

-       Post Carbon Institute – English

-       Richard Heinberg – English

-       USGS (United States Geological Survey) – English

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2 Comentarios

  1. canafa dice:

    Enhorabuena por este artículo, Sr. Manuel Romero.
    No entraré en ninguna contradicción específica con usted, puesto que de entrada, usted advierte de que no es un estudio en profundidad. Me alegro enormemente de que usted sea lo suficientemente coherente en la afirmación del asunto del 99,99%, dejando un 0,01% a la duda, lo que demuestra que usted no es un fundamentalista radical de la negación de lo que es posible y de lo que no lo es. Llegados a este punto, debo dejar clara mi postura de que admito, casi sin objeciones, las teorías de la termodinámica, que son eso teorías de que se cumplen con un grado de probabilidad tan elevado, que los simplistas las han elevado al grado de leyes, si poderse demostrar que son leyes inviolables. Alguien las definió como “introducir un puzle de 1000 piezas en una caja, cerrarla, agitarla y esperar que el puzle quede organizado”, lo que es altísimamente improbable, pero no imposible.
    En otro orden de cosas, no creo en los móviles perpetuos, porque nada es perpetuo. Pero no puedo dejar de preguntarme a mí mismo, que sabiendo a ciencia cierta que la energía es materia y viceversa y que la cantidad de energía condensada en forma de materia, es tan brutalmente poderosa, ¿por qué no se ha logrado extraer energía de la materia, sin desintegrarla atómicamente? Pues vivimos rodeados de ingentes cantidades de energía y materia y a su vez su escasez nos mata. Mi percepción personal es que científicamente, en algunos aspectos, vivimos en la edad de piedra o en algún estadio anterior.

    • Manuel dice:

      Primero de todo muchas gracias por el comentario siempre agradecemos que haya un feedback con nuestros visitantes.
      Partiendo de la base de que mi base académica no es la física no puedo contestarle con absoluto empoderamiento de palabra por qué no se ha conseguido transformar la materia en energía. No obstante, en tanto en cuanto yo sé, todos los procesos conocidos por los que parte de la materia se libera en forma de energía (combustión por ej.), están sujetos a las leyes de la termodinámica, las cuales hasta el día de hoy se muestran implacables.
      Por otro lado, dando por bueno el caso hipotético de que pudiésemos desarrollar una tecnología que supusiese una base energética, se abren otros interrogantes, que son:

      1. ¿Puede esa nueva tecnología sustituir la base energética que suponen hoy día los hidrocarburos en tan corto espacio de tiempo?

      2. ¿Es la base energética actual base en hidrocarburos lo suficientemente potente como para servir de trampolín a la futurible base energética?

      3. ¿Es la nueva base energética una base libre de generación de gases de efecto invernadero?

      Como coincidirá conmigo es un problema multifactorial, y por tanto lleno de nexos de unión con otros problemas y circunstancias.

      Atentamente, Manuel Romero.

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